miércoles, 6 de octubre de 2010

77. NOSOTROS DOS.



Lo último que he leído es el libro de relatos “Once Maneras de Sentirse Solo”, de Richard Yates.

Aunque en un primer momento no le presté demasiada atención al título, después he pensado que la mención al once quizá no tenga tanto que ver con el número de relatos del libro sino con el propio sentimiento de soledad.

Si buscas once en la wikipedia, te dirá que es un número primo y que, como consecuencia de la traición de uno de los doce Apóstoles, su utilización ha sido descartada de la simbología cristiana.

Si lo buscas en el diccionario, te dirá poco más que once son diez más uno.

Luego están los que dicen que si lo que pasó el 11S o que si lo que pasó el 11M.

Yo tengo mi propia teoría, y es que la tragedia del once radica, simplemente, en estar formado por dos unos. Algo así como lo que nos pasa a ti y a mí cuando dejamos de ser nosotros.

viernes, 1 de octubre de 2010

76.POEMAS DESEDITADOS.


Ayer, el último día del plazo, envié mi poema número 55 a un concurso. Las bases establecían, entre otros requisitos, que las obras debían ser inéditas, por lo que he borrado el texto del blog. Al final he optado por no eliminar la entrada por completo, para no tener que renumerar el resto de poemas y, sobretodo, para no perder los comentarios.

Además, he creado una nueva etiqueta para estos casos: poemas deseditados.

No creo que conceptualmente sea posible deseditar un texto ya publicado, de la misma manera que los niños, una vez en el mundo, no pueden regresar al cuerpo de sus madres. Por lo pronto, e
l término no viene recogido en el diccionario, lo que lejos de preocuparme me llena de esperanza.

Y es que, si yo fuera uno de esos poetas capaz de inventar palabras, poco me importaría ya perder todos los concursos a los que presento mis poemas.

jueves, 23 de septiembre de 2010

75. ENFERMO


A veces enfermo de silencio.

Primero oigo un golpe seco,
que me cierra la puerta por dentro.

Después, siempre es lo mismo:

incapaz de pronunciar palabra
contemplo una vez más
cómo se apagan, una a una,
todas las luces de la casa.

martes, 31 de agosto de 2010

74. LO QUE YA NO SIRVE.


Hace tiempo que atesoro una nueva afición. En la cola del supermercado busco por el suelo las listas de la compra de los que ya han pasado por caja.

Me encanta observar la variedad de papeles o cartones en los que la gente las escribe. Las abreviaturas, los tachones, las faltas de ortografía. Las diferentes formas para referirse a un misma cosa.

Me imagino, entonces, a la persona que las escribe. Valoro, por los productos, si lleva o no una alimentación equilibrada, si tiene una mascota o si hay niños viviendo en casa. Pienso en si habrá olvidado algo y tendrá que volver mañana.

Esto, en el fondo, me produce mucha pena. Siempre aparecen tiradas por cualquier lugar, pisadas por otros compradores. La costumbre de desprendernos de lo que ya no sirve.

Por eso las recojo. Me las meto en el bolsillo y, cuando llego a casa, las tiro en la papelera.

miércoles, 18 de agosto de 2010

73. MIENTRAS TANTO CÓGEME LA MANO.


Pocas veces empiezo y termino un libro en el mismo día. Eso sólo ocurre si el libro es muy corto o, aunque extenso, capaz de moverme algo por dentro.

Mientras leo en la cama, mi hermana en la cocina prepara dos tortillas de patata para la cena. Por la ventana veo a mi padre trastear, como muchas tardes, en la habitación donde guarda las cañas de pescar. Y del salón me llega la risa de mi sobrino, que aún no tiene un año y medio, y que aprende con mi madre a encajar las piezas de su puzzle de madera.

Cuando termino el último poema, el olor de la cebolla friéndose se ha extendido ya por toda la casa y es entonces cuando entiendo esa sensación del tiempo detenido a la que se refiere el poeta.

Hasta aceptar, con más o menos naturalidad, que pronto, también nosotros, habremos desaparecido.

martes, 3 de agosto de 2010

72. LA RUTA PNPE 23



A dos mil quinientos metros de altura el frío.
Piedras, pájaros y alguna flor.

A dos mil quinientos metros de altura no hay casi nada.
Sólo lo importante
.

miércoles, 21 de julio de 2010

71. SIN TÍTULO.

A veces pienso en el título de un texto
antes incluso de haberlo escrito:

la historia del niño que cazaba grillos,
el verano en que leí Rayuela,
o está el títere tiritando de frío.

A veces pienso que pierdo el tiempo

distrayéndome en las reuniones,
restando a mis noches horas de sueño

inventando títulos de historias
que probablemente nunca escriba.