
Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás (...) Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado.
Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí.
No importa lo que hagas (...) en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, conviertiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos.
La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y aun auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.
Se me olvidaba... esta es otra de las razones para escribir de las que hablábamos...
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